domingo, 26 de febrero de 2012

La Maldición de Twong Kian

La maldición de Twong Kian
Por: Darío Valle Risoto

Catorce años luego de la muerte del Emperador Koromusha sus dos hijos se enfrentaron en las colinas amarillas, en total veinticinco mil soldados lucharon por espacio de catorce horas para dilucidar quién definitivamente se quedaría con el reino de Twong Kian.

El emperador en su lecho de muerte le había dado el collar de sus ancestros a Karami su hijo menor, contraviniendo las costumbres ancestrales había desheredado a su hijo mayor Masahito, por haber contaminado el harén de su padre. Una de sus doncellas había sido secuestrada por el muchacho la segunda luna del verano del año 342 y eso era un grave delito.

Así y sintiéndose el verdadero monarca de las vastas tierras de Twong Kian, Masahito reunió a sus consejeros y partió a las montañas para reunir su propio ejército a sabiendas de que la única solución era la guerra.
Ocho años le costó conseguir suficientes hombres y entrenarlos para enfrentar a los experimentados soldados al mando de su hermano.
Y con un ejército sensiblemente menor en número llegó cierto día a las fronteras capitales para lanzar su desafío, hacía meses que los espías de su hermano venían estudiando los movimientos de sus tropas pero Karami lo dejó hacer, evitando cometer un sabotaje y desoyendo a los asesinos que ofrecían traerle la cabeza del rebelde.
Sentado en el trono de su viejo y querido padre Karami derramó lágrimas de dolor cuando sus generales le pidieron que adelantara las tropas hacia las tierras altas para esperar a los enemigos. Karami odiaba el hecho de que pronto se iba a verter la sangre de miles de compatriotas solo por el egoísmo de su hermano mayor que no comprendía que era mejor obedecer los deseos de su sabio padre.
Dio la orden y en perfecta formación los acorazados soldados de infantería corrieron hacia las colinas cargando sus adargas y sus escudos, más atrás la fiel caballería dragón les siguió para completar las tropas la pesada y lenta formación de catapultas y arietes.
Contraviniendo a los consejeros Karami se colocó su armadura dorada del dragón y mirando el viejo estandarte con que muchos años antes su padre reunificara las tierras de Twong Kian, pensó si no hubiera sido mejor rendirse y así salvar miles de vidas. Pero no podía arrodillarse sobre la memoria de su padre y lo único que podía hacer por honrarlo era luchar respetando su último deseo.
Con sus fuertes brazos levantó el estandarte rojo con el dragón dorado y volador bordado sobre este, la multitud frenética gritó las primeras estrofas del canto de guerra y subiendo a su caballo cabalgó para ponerse al frente de sus soldados.

Cuando el sol del amanecer estaba sosteniendo el calor de un día aciago para el reino, Masahito llegó al borde del río y maldijo que sus enemigos hayan tomado las tierras altas, sus hombres bajaron la cabeza y le prometieron que al promediar la tarde estas serían suyas.
Cuando mandó a su caballería recorrer desde el este en dirección a los bosques en una maniobra de engaño reparó en que los mismos bosques comenzaban a ser incendiados por bolas de fuego enviadas por las catapultas. Así que tuvo que cambiar la estrategia y mandó a que los hombres a caballo intentaran rodear estos mientras su infantería al paso de los tambores avanzaba hacia las lanzas enemigas.
Su hermano incendiaba los bosques sabiamente para no tener algo de que preocuparse a sus espaldas mientras sus hombres bajaban en formación las colinas, al promediar la tarde el grueso de las tropas chocó en un infierno de sangre, carne y dolor.

Masahito en un promontorio observaba como sus hombres luchaban manteniendo algunas posiciones mientras Karami al frente de los suyos abría una profunda senda en medio de la lucha rumbo a donde estaba él apostado. Sus consejeros le pidieron que se retire pero el sabía que importante era para sus soldados el verlo con sus banderas flameantes y el sol a su espalda como si fuera ya el emperador mismo.
Cuando anochecía el bosque incendiado había desaparecido mientras que su caballería había sido diezmada por miles de flechas disparadas desde una improvisada fortaleza de troncos bien resguardada de la vista. Una vez más su hermano se había anticipado a sus movimientos por lo que la derrota era inminente.

Esa noche como era la costumbre hubo tregua y ambos bandos recogieron a sus heridos, codo con codo los hombres moribundos eran ejecutados y los heridos llevados de retorno a sus filas.
Sucio de sangre, tizne y sudor Masahito bebió con su único general con vida, los otros tres habían muerto en el correr del día.
__ ¿Qué oportunidad tendremos mañana Konta?
Pero Konta permaneció en silencio sosteniendo la venda de su brazo izquierdo, era un soldado maduro de largos cabellos color ceniza y mirada de zorro.
__ La rendición o la muerte, mi señor, la rendición o la muerte.
Masahito pudo decapitarlo allí mismo pero el viejo tenía razón, solo una situación fortuita podía cambiar el transcurso de una batalla donde habían muerto dos tercios de sus tropas y solo una cuarta parte de las enemigas.
Pero Masahito sin poder dormir poco antes del amanecer tomó una decisión.

A la mañana siguiente envió un emisario a su enemigo su hermano Karami.
Este desenvolvió el pergamino y tras leer asintió y envió al hombre que había cabalgado varios kilómetros de regreso.

Hizo pulir su armadura y le indicó a sus generales que su hermano lo había retado a duelo y que el ganador sería el nuevo emperador de las tierras de  Twong Kian y la decisión era irrevocable aunque contrariara los deseos de su querido padre.
Así con un gusto amargo en su boca cabalgó para encontrarse con su hermano, ambos con sus mejores armaduras y armas y con sus propios ejércitos a sus espaldas expectantes.

__ Debimos haberlo hecho desde un principio y habernos evitado tanta muerte absurda. __Le dijo a su hermano mayor que le miraba impertérrito.

Y allí se enfrentaron ambos hermanos en una lucha sangrienta y el ganador fue el nuevo gobernante de las hermosas y bastas tierras de Twong Kian, lo que ninguno había previsto fue que durante muchos años se habían sembrado las semillas del odio entre los habitantes de tan bello país y las heridas nunca sanaron del todo.
Así que poco a poco se fracturó la nación en miles de contiendas inexplicablemente  sangrientas y nunca Twong Kian conoció la paz.

FIN